Educar en interculturalidad

Interculturalidad

¿QUÉ ES LA INTERCULTURALIDAD?

Se define “Interculturalidad” como la interacción entre culturas, de una forma respetuosa, donde se concibe que ningún grupo cultural está por encima del otro, favoreciendo en todo momento la integración y convivencia entre culturas.

Es un concepto que ha ganado en importancia y relevancia en los últimos años, debido al aumento de población de otros países y culturas que ha ido llegando a nuestro país.
En estos momentos en la sociedad española conviven personas de diferentes razas y culturas, y la interacción, como bien sabéis, no siempre es positiva.

La interculturalidad que se vive en la sociedad, como todo lo social, se refleja en las aulas, en los centros, que también han recibido y reciben cada vez más alumnos/as inmigrantes, de otros países, de otras culturas y razas.

Esto ha derivado en una situación social nueva, pero también resulta una nueva situación para los colegios y la educación. Y adaptarse a los cambios, a la nueva situación, no siempre es fácil. Hasta tal punto que la inmigración, tanto socialmente como en las aulas, llega a plantearse en ocasiones como un “problema” o una “cuna de conflictos”.

Sin embargo la Interculturalidad es una realidad hoy en día, y en nuestro objetivo como padres, madres y profesores/as de educar a los niños/as, tenemos que prepararlos y adaptarlos para vivir positivamente en un mundo y una sociedad intercultural.

DATOS DE LA SITUACIÓN ACTUAL DE LA INTERCULTURALIDAD

Como decía al principio, está claro que la interculturalidad es un tema relativamente reciente, y que todos sabemos y comentamos lo mucho que ha aumentado el número de habitantes de otros países y culturas en nuestro país. Pero ilustremos esto con unos datos bastante esclarecedores:

– En 1998 había en España 719.647 inmigrantes.
– En 2008 había 4,500.000 inmigrantes… con papeles.

– De 2006 a 2007 los inmigrantes aumentaron en un millón.

– En 1998 en Zaragoza había 5.000 inmigrantes.
– En 2008 en Zaragoza había 113.000.

– En Aragón, en el año 2000 había 3.200 alumnos/as inmigrantes.
– En Aragón, en el año 2009 había 25.000 alumnos/as inmigrantes.

Como veis son datos bastante significativos, que reflejan muy bien cómo nuestra sociedad se ha ido convirtiendo en un periodo de unos diez años (que no es nada históricamente hablando) de forma espectacular en una sociedad intercultural, en la que conviven habitantes originarios de diferentes países, razas y culturas.
Y esa convivencia, como bien conocemos todos, no siempre es positiva. Veamos en qué situación nos encontramos en este aspecto y porqué estamos así.

NOS FIJAMOS EN LAS DIFERENCIAS

Como seguro adivináis el principal problema para que una interculturalidad se desarrolle de forma positiva es que las personas implicadas, de diferentes culturas, entren en conflicto, o se den muestras de lo que conocemos como racismo.

El racismo, como ya sabéis, es una forma de discriminación de las personas recurriendo a motivos raciales, tono de piel u otras características de las personas, de tal modo que unas se consideran superiores a otras.

Es decir, al entrar en contacto con personas de otras culturas, costumbres, raza, etc.. podemos discriminarles, no respetar esas diferencias, e incluso sentirnos “superiores” a ellos/as.
Esto fundamentalmente puede pasar cuando “nos fijamos en las diferencias”, cuando nos obsesionamos en ellas, o las tememos, cuando vemos “lo nuevo” o “lo diferente” a nuestro grupo social como un “riesgo”, como algo o alguien “que pone en peligro” nuestra sociedad o nuestra forma de vida.

Este “conflicto con lo diferente” que puede provocar o derivar en racismo, lo vemos habitualmente en la sociedad, en los problemas sociales que existen, los conflictos…

Estas muestras de “desprecio” hacia lo diferente se pueden mostrar de muchas formas y ejemplos, que seguro que todos conocemos. Os voy a contar algunos de ellos, que sirvan como muestra de racismo, de esa “discriminación” que, directa o indirectamente, podemos llegar a hacer en ocasiones:

– No siempre les ponemos nombre. Los vecinos de color de un barrio, son “los negros”, no son “el señor Juan”, o “el señor González” o ni siquiera “el fontanero”. Nos referimos a ellos como “colectivo”, no individualizamos, no les ponemos nombres propios (no “intimamos” a ese nivel).
Y dentro de la denominación de ese “colectivo”, también hacemos algunas distinciones, implícitamente o explícitamente, como el considerar “inmigrantes” a las personas de otras países que vienen del hemisferio sur y “extranjeros” a los que vienen del hemisferio norte (distinción con muchas connotaciones…).

– No respetamos sus costumbres. O no nos las tomamos en serio, nos parecen “raras”. Uno de los primeros exploradores ingleses que fue a China, al ver que los chinos ponían en las tumbas de sus cementerios arroz, les preguntó con sorna: “¿a qué hora se levantan sus muertos a comerse el arroz?”. A lo que los chinos respondieron: “a la misma hora en la que sus muertos se levantan a oler sus flores”.
Las costumbres de cada país varían, incluso de cada ciudad. Cada localidad o cada cultura tiene sus tradiciones o formas de vida diferentes, ni mejores ni peores. Asociar “lo nuestro como mejor” es un síntoma claro de racismo, como luego comentaremos.

Otro ejemplo respecto a esto puede ser la forma de vestir… o el idioma. Al ser diferente también nos parece “raro”. Y pretendemos que se acostumbren y adapten a nuestro país, que la adopten al instante (aunque eso signifique renunciar a su propia cultura y pasado, estando a miles de kilómetros de su tierra). Como ocurre en el mito de Procusto (http://maclama.blogspot.com/2006/08/qu-o-quin-era-procusto.html).
Es típico el pensar, también en este apartado, que “lo nuestro es lo mejor”.
Sirva como ejemplo cuando los exploradores ingleses fueron a Australia y al ver a los canguros les preguntaron a los aborígenes que cómo se llamaba ese animal. Los aborígenes, que no entendían nada de Inglés, respondían una y otra vez “kan-gu-ru” (que en su idioma significaba “no entiendo nada”) y ya sabéis el resto de la historia, lejos de pensar que alguien en el mundo podía no saber inglés y lejos de pensar en llamar a ese animal como los miembros del país llevaban llamándolo desde hace años, el animal pasó a ser “el canguro”.

– No permitimos que se involucren del todo. Les pedimos que se “adapten” y aprendan nuestro idioma, nuestra forma de vida, de vestir… pero en el fondo no les permitimos que se integren del todo en la vida social y cultural. ¿En qué aspectos de la sociedad tienen más peso los inmigrantes? En la gastronomía (creando sus propios bares, restaurantes, comidas…) y quizá en la música (permitimos que hagan su música autóctona en la calle). ¿Pero qué pasa con el resto de representaciones culturales? El gusto y el oído son los únicos “sentidos” a los que se les permite acceder. Por lo demás no gusta ni “verlos”, ni su “olor”, ni su “tacto”…

– No confiamos en su capacidad enriquecedora. No pensar en todo lo positivo que nos pueden aportar, pensando por contrario que son “inferiores” y que por lo tanto tenemos que “enseñarles” o casi, con perdón, “adiestrarles”, es otro claro síntoma de racismo y de una negativa interculturalidad.
Consideramos viajar como algo “enriquecedor”, porque conocemos otras culturas, gente de otros sitios, con otras costumbres… pero que gente de otros países vengan al nuestro ya no lo vemos igual (sentimientos de “ser invadidos” y no querer “compartir lo nuestro” son también típicos).

– La diferencia es precisamente lo que les etiqueta. Tener un vecino valenciano puede no ser relevante ni noticia al hablar de él, tener un vecino negro o chino sí.
Mi sobrina de 4 años me hablaba a principio de curso durante meses de un niño, un tal “Juan Manuel” del que decía que “era su novio”. Un día que fui a verla a su colegio le dije que dónde estaba ese famoso niño, y cuando lo vi que era un niño negro. Y por supuesto mi sobrina no me lo había mencionado para nada… En cambio los/as adultos/as hubiera sido lo primero que habríamos dicho, lo habríamos resaltado.
Marcamos esa diferencia, la subrayamos, y nos sirve para “etiquetarlos”.
Pero este ejemplo de mi sobrina, y el vídeo que veremos a continuación, nos permite comprobar que esta “señalización de la diferencia”, como señalaba antes, se da en el mundo adulto, no en la infancia.

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A pesar de que genéticamente podemos tener cierto temor a lo “nuevo y diferente”, el ser humano no incluye el racismo como algo genético o intrínseco. El ser humano es un ser social y por lo tanto está “programado” para vivir en sociedad, conllevando eso el convivir con otros seres humanos diferentes.
Solo estaría justificado el “racismo” o el “temor” a otra raza o cultura cuando ésta pudiera poner en peligro la propia, cuando entren en grave conflicto de supervivencia.

Y éste, no es nuestro caso… o al menos no es el caso de nuestros/as niños/as.
Los problemas y conflictos interculturales que conocemos son cuestiones del mundo adulto. Son problemas económicos, políticos… que pueden llegar a afectar indirectamente a los/as niños/as, pero no lo hacen directamente.

A donde quiero ir a parar es a que un niño/a, por sí mismo/a, no ha sufrido las experiencias de vida necesarias como para ser “racista” o “despreciar” a otras culturas.

Y en esto, como luego veremos, nos llevan mucha ventaja. Para ellos/as, si un niño/a de otro país hace algo que está mal, condenan la acción, pero no van más allá (por ejemplo si un niño/a ecuatoriano/a cuelga un balón en el patio, se enfadarán porque se quedan sin balón, al igual que habrían hecho con un niño/a español/a, pero no pasarían a decir que “todos/as los/as ecuatorianos/as son iguales, son problemáticos” o cosas así (o peores).

Sin embargo en ocasiones sí hacen afirmaciones racistas, del tipo “veté a tu país”, “solo venís a este país a robar”, “es que los de tu país no trabajáis”… y afirmaciones así (tristemente las he oído incluso en 4º de Primaria), que no pueden surgir del pensamiento y las experiencias de un niño/a de esas edades. Cuando tienen ese tipo de pensamientos e ideas en esos momentos… es, y siento decíroslo, porque lo han oído en algún sitio (en casa, en la televisión…).

El “racismo” es un concepto “adulto”, al que se puede llegar con los años, tras las experiencias vividas (conflictos con gente de otras razas, etc.). Pero ellos/as ni por su naturaleza ni por sus experiencias, deberían mostrarlo. Así que si lo muestran será en gran parte por “herencia” o siguiendo algún tipo de modelo. Es como cuando un niño/a se expresa perfectamente de un tema adulto, al ser algo “adulto” no ha podido llegar a esas conclusiones él/ella solo, si no que las ha tenido que “copiar” o “imitar”.
De modo que tendremos que tener cuidado con el modelo de interculturalidad que les damos y ofrecemos, porque somos sus absolutos referentes iniciales en este tema.

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